5 de diciembre de 2010

De controladores, aeropuertos... y democracia (o falta de)

Mucho se ha escrito acerca de lo que escriben los escritores, lo que leen y si leen porque escriben o escriben porque leen. Algo de las dos cosas hay. En el caso de la radio yo tengo que decir es que si hago radio es porque escucho y he escuchado mucha radio, pero además tengo que decir es que desde que colaboro en Radio Occitania con estos Aperitivos musicales (a veces menos musicales y más otras cosas), paso mucho más tiempo que antes escuchando radio. De la misma manera ocurre con este blog, si escribo en un blog es en parte porque paso mucho tiempo tambien leyendo otros blogs que de alguna manera me han servido de alguna manera de modelo o inspiración. Hoy os copio aquí una entrada del blog de Hugo Martinez Abarca, un blog que visito a diario y que me parece de lo más inspirado que leo dentro de la izquierda. Aquí teneis el enlace y lo que publica sobre el Gobierno español, la huelga de controladores y todo el follón de estos días:

http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2010/12/05/en-el-capitulo-siguiente/#more-5558

Alfred Hitchcock describió una figura imprescindible para algunos de sus guiones de suspense: el McGuffin. Se trata de alguna línea argumental que es absolutamente secundaria en el conjunto del guion pero que centra la atención del espectador permitiendo colarle la historia importante. El ejemplo de libro es el comienzo de Psicosis en el que nos creemos que la película cuenta la historia de un robo y de la mujer que huye con el dinero y se esconde en un motel, donde pretende dormir y darse una ducha. Cuando se ducha, lo último que sospecha el espectador es que va a comenzar la trama principal y acabar la vida de la ladronzuela, a la que suponíamos protagonista de la película.

Si discutimos sobre Psicosis no nos paramos ni un minuto a discutir si esta mujer robó mucho o poco dinero, si tal robo era injusto o pensamos que su jefe se lo merecía. Porque la película no va de eso, aunque eso nos llevó a tragarnos la normalidad del motel y el carácter funcionarial de Norman Bates.

Aquí, lo mismo. Aceptamos pulpo, venga: los controladores no son trabajadores con derechos laborales, sino egoístas con privilegios. Además nunca convocan huelgas conforme a la ley y los trabajadores se distinguen de los mercados en que han conseguido sus logros históricos cumpliendo estrictamente la legalidad. Estupendo. La película no va de eso.

Hoy explicaba las próximas tramas Rubalcaba. “Esto no va a volver a pasar“, decía en la SER hace un rato. “El gobierno garantiza que en Navidad los aeropuertos funcionarán con plena normalidad“. ¿A qué venía hablar de Navidad? Si alguien cree que Rubalcaba es un ingenuo, podrá pensar que es porque Navidad es la próxima fecha de grandes desplazamientos. Pero no sólo es eso: Navidad es la fecha en la que sindicatos de clase (CCOO, UGT y USO) habían anunciado una huelga en los aeropuertos contra la privatización de AENA.

La secuencia temporal del capítulo de ayer es la siguiente. El miércoles por la mañana el gobierno anuncia la privatización del 49% de AENA y de la gestión de Barajas y El Prat. El jueves los sindicatos anuncian huelgas en protesta para Navidad y que concretarán la fecha el día 9 (a la vuelta del puente). El viernes (día en que empieza el puente) por la mañana el gobierno introduce otras medidas que no había anunciado y que modifican por decreto (por cuarta vez y en plenas negociaciones) las condiciones de trabajo de un colectivo como los controladores que reúne dos características importantes: es odiado y es respondón. El viernes por la tarde los controladores responden negándose a trabajar. El gobierno militariza los aeropuertos. El sábado decretan el primer estado de alarma de la democracia, envían el ejército a los aeropuertos y anuncian la aplicación del Código Penal Militar a quien no trabaje. El domingo por la mañana Rubalcaba anuncia que en Navidad los aeropuertos funcionarán con plena normalidad: es decir, que la huelga en protesta por la privatización no se llevará a cabo o se hará con servicios mínimos tan obscenos como de costumbre.

Si tomamos a los controladores como McGuffin, la lógica narrativa es evidente. Nos han permitido enfocar nuestra ira (esa es otra figura literario-política: el chivo expiatorio) para garantizarse instrumentos autoritarios contra cualquier respuesta a los recortes neoliberales.

Doy por hecho que el argumento para justificar la próxima será que los aeropuertos son “centros neurálgicos” (¿por qué no cardiacos o hepáticos?) y que unos pocos trabajadores no pueden tomar como rehenes a toda la ciudadanía. Y volverá a colar. Y como una de las consecuencias del capitalismo avanzado es la interdependencia ahí tendremos un nuevo argumento contra ls protesta de prácticamente cualquier colectivo (salvo, quizás, las monjas de clausura y eso cuando no se acercan las fiestas en las que dependemos de sus dulces). En cualquier caso, ¿se puede consentir que se privatice un centro del que dependemos tanto como para declarar el estado de alarma si no funciona?

Me consta que algunos de los lectores de este blog hicieron los deberes que os dejé cuando me fui de balcaciones y se leyeron La doctrina del shock. A esos lectores no les extrañará que al día siguiente de aprobarse la privatización de los aeropuertos se militaricen; o que al día siguiente del segundo shock neoliberal del año se decrete el primer estado de alarma desde la muerte de Franco.

No nos fijemos en el McGuffin o no entenderemos la historia. No va de controladores aéreos. Va de democracia, de estado social. De su desenlace.

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